Lunes, 20 de Agosto de 2007 15:46
Por: José Ignacio Penagos H. Esta es la última de las primeras cuatro historias sobre inmigrantes que prometí contarles desde el pasado viernes. Cuatro historias diferentes de personas con diferentes nacionalidades con los que me he topado en el camino durante el tiempo que llevo en España. Son sólo cuatro en esta primera entrega, de cientos de personas que tienen su historia particular y a quienes rindo homenaje desde este blog. EL AMOR ME TRAJO A ESPAí‘A No tuve que caminar muy lejos por mi barrio de residencia en el centro de Madrid para ir a tomarme un cañita y disfrutar de las tapas exquisitas que son sello característico de esta cultura. Por curiosidad además, entré en una de las cervecerías del centro que orgullosas publicitan la venta de su propia cerveza. Y en efecto. En este lugar vi los tanques y silos a través de una vidriera y que ocupa una gran parte del lugar en donde producen 4 tipos diferentes de cerveza de alta calidad. Otro de los atractivos que publicitan es la amplia variedad de tapas gratis que resultaron tan buenas como la cerveza y el lugar. Cuando me adentré hacia la barra fue muy sorprendente ver que se mismo lugar que se identifica como 100% español, era atendido por una filipina. Insisto que existe una gran diferencia entre la atención que ofrece a un cliente un español a la de un inmigrante. Este último siempre es mas amable y dispuesto que el primero aunque existen excepciones. Pues ella es Dorian. Una mujer bajita vestida de pantalón negro y camisa blanca como lo ordena el reglamento pero con una sonrisa oriental que refleja de manera permanente. Sus ojos son rasgados, su tez algo mestiza y dice entre risas ser ya española. La razón: se enamoró hace 10 años de un español que fue a filipinas y se alojó en el hotel donde ella trabajaba. Dice que fue amor a primera vista y el impacto aun le dura. En esos 8 días que él estuvo en el hotel se tejería una verdadera historia de amor digna de novela. Ella tenía novio para ese momento con el que terminó apostándole a una ilusión. Luego de la partida de su nuevo amor, un par de meses mas de idilio se prolongaron por correo electrónico para acordar su venida a España en donde se casaron. Hoy continua con él y tiene 3 hijos que estudian mientras ella y él trabajan. Lamenta que sus turnos no sean mas flexibles en el trabajo, pero dice que al menos puede estar con ellos en el día antes y después del colegio, pero que no puede compartir con ellos en la noche. Su padre se encarga entonces de ellos. Dice que el amor le sonrió y me explico entonces el porqué de su permanente sonrisa. Dorian ya se siente española aunque habla cada semana con su familia a quien no ve hace 4 años. Dice que ya no ve posible volver a Filipinas y que su situación legal en este país la considera española porque ya tiene la nacionalidad. Dice que luego de ella han venido una hermana y un hermano. Su hermana no pudo con esta cultura, pero su hermano se quedó a probar suerte y trabaja en soldadura. Entre tanto ella trabaja permitiendo que otros se diviertan al amargo sabor de la cerveza que proporciona duces momentos con el deseo diario de que la jornada termine pronto para regresar a casa a ver a sus hijos y a su esposo. Filipinas para Dorian es ahora un recuerdo bello de lo que fue su infancia y adolescencia porque su juventud y su vida actual ya es española. Todo por un acto de amor. Un amigo decía parodiando el título de una telenovela que "los inmigrantes también se enamoran".
El PP se ha avanzado a la postura contradictoria del Gobierno y del Ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, al registrar en el Congreso un proyecto de reforma de la ley de extranjería. La actual, modificada en 2003, debería haber sido modificada en 2006 para adaptarla a directivas comunitarias, si bien entonces el Gobierno desistió de hacerlo para evitar que el PP lo aprovechara para agitarlo electoralmente en un momento de fuerte crecimiento de la población extranjera.
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