Collage del mundo electrónico

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Escuchar música electrónica es como subirse en una nave espacial y enterrar los sentidos en un túnel de emociones que suceden entre luces intermitentes que se diluyen sobre el tiempo y el espacio. Los sentidos se abren de par en par, dejando el cuerpo en pampa y buscan su máxima expresión mientras los oí­dos derraman luces de colores sobre el suelo que se mueve al ritmo de cada golpe electrónico. Al fondo de un túnel sonoro, se encuentra un hombre rodeado de cables, botones y discos-vinilos que rotan con armoní­a sobre los sonidos solemnes de un hondo adagio. Llueven chispas de colores y las estrellas parecen caer del cielo aventadas por la música y el viento que se enfrí­a para sonar profundamente como un concierto acuático al aire libre. El cielo tiembla y la noche inunda los ojos del artista que compone los sonidos alertados por cada emisión de luz inmortal. Las computadoras se levantan de los escritorios y adquieren vida propia mientras los parlantes salen con descargas eléctricas envueltas en papel aluminio, una tras otra como un corto circuito de sonido. Se rompen las pantallas de los monitores y los vinilos quedan enterrados en los vidrios del computador herido de hologramas y siluetas virtuales de colores, amorfas y sin sentido, tras un vací­o interesante que no deja de emitirlas. La fusión de lo antiguo con lo moderno llega a su clí­max mientras un DJ manipula dos vinilos y conecta su teclado por donde pasan miles de vatios de electricidad para ensordecer el alma de quienes escuchan la voz del futuro. Un vinilo plano, ancho y ligero, una invención del siglo pasado, es el transporte para conducir la música clásica a través del siglo XXI y dispararla hacia el Porvenir. Adagio para las cuerdas emerge de antaño y armoniza las notas de Samuel Barber mientrasDJ Tiesto interpreta la obra maestra del norteamericano cada vez que suenan megatones de moléculas sonoras que explotan la luz originando el universo en un abrir y cerrar de ojos que empezó con un Big y terminó con un Bang. Un teclado electrónico despierta el silencio con fragancias musicales que viajan a la velocidad de la luz y las galaxias se mueven lentamente para unirse y convertir la materia en una bola de luz que enciende la vida en cada rincón del espacio introvertido. Cada tecla del órgano sucumbe al sonido que se estrella contra las paredes de electricidad que sostienen un edificio de energí­a encumbrado en un cuadro de Dalí­ con Jesús tridimensional flotando en el horizonte de oleos surrealistas. Newton explica desde su inmortalidad lo que en sí­ntesis, los libros digitales resumen sobre algunas de sus ideas: cada acción tiene una reacción y un cuerpo se mueve solo si otro cuerpo lo empuja como el cuerpo de una bailarina de luces en medio de un escenario de acrobacias inalámbricas, sin conexión alguna con la realidad y danzando como un fantasma vivo empujado por la emoción de la electricidad. El corazón late al ritmo del sintetizador y las teclas del órgano regresan al oí­do para luego colarse en el pecho mientras los espectadores se mueven extasiados con cada pieza musical que genera un orgasmo masivo de luz brillante resbalando por el sudor de los concurrentes que se agitan sin parar. Simios blancos y negros estallan de placer mientras ocurre otra fusión entre animales evolucionados, hembras y machos pensantes de todos los estilos y lugares, homo sapiens desinhibidos y razas de todos los confines del mundo que dejan siglos de distancia en el baúl del siglo XX mientras el auditorio revienta de sexo en un salto de incertidumbre que transforma sus figuras extasiadas en colores azulados que encienden el televisor de la mente, brillando como siluetas metalúrgicas en la pista de baile donde flotan brazos y piernas contra la gravedad que acecha la inquietud de la masa rendida a los pies del Dios Sonido. La voz de un cuerpo celeste se pierde en si misma a través de los vasos comunicantes que estallan en los cables de alta tensión que salen desde las miradas de la multitud, donde ya no hay prejuicios, ni miedos, ni limitaciones, porque los seres humanos convertidos en fotones sienten ser elevadamente infinitos, en un mundo de luz cuántico reunido por un DJ que junta el pasado con el futuro y mezcla en tiempos precisos el adagio de la pieza melancólica, fatalista, inmortal deAdagio para las cuerdas que a su paso va dejando una estela de emoción tras cada onda sonora que se expande en el éter dejando el universo al fondo de lo misterioso y el único imperio espacial en infinita expansión. Quedan impregnadas las notas musicales del prodigio norteamericano sobre una multitud decadente de jóvenes que advierten el destino como una gota de tecnologí­a en un mar de avances cientí­ficos y revoluciones artí­sticas, cobijados por la música electrónica y su bandera pacifista, frente al caos nihilista de la sobre-información del siglo de los desastres naturales y las inundaciones de noticias sobre inundaciones. El terrorismo empí­rico y su ántrax, la ratonera de laboratorios fabricando ñatazos de polvo blanco, la nanotecnologí­a y otras palabrotas, el calentamiento global que empieza en la juventud y termina en la atmósfera, los robots, los videojuegos y los niños que juegan a ser de mentira, los viajes al espacio, el plástico exterior, los rascacielos, la polución y la población contaminada de charla y bulla, fotos y colores en los cielos amarillentos de ciudades occidentalizadas de trabajos, edificios, oficinas, bancos, universidades y ciencias contra religiones. Cable, Internet y mercadotecnia, publicidad y fútbol en vivo, torneos de inteligencia artificial, efectos especiales basados en la vida irreal, nuevas tecnologí­as audiovisuales, blogs, Ipods, dividí­s, auriculares finos y museos en peligro de extinción, guerras electrónicas, Occidente contra Oriente, el cine grande contra el independiente, las catapultadas torres mellizas y su duelo televisado año tras año desde Nueva York, Dubai como destino turí­stico, la persecución mediática sobre Irak, Palestina, Lí­bano, Israel y la realidad del Sida. La pobreza del tercermundo y el primermundo culpándose por dejar en harapos al tercero mientras el segundo todaví­a no levanta la mano ni dicepresente ¡aquí­ estoy! ¡no en Wikipedia! Las rotundas sequí­as africanas, la lucha de los inmigrantes, los indocumentados, el crecimiento económico de China y su agigantado paso por las revistas de negocios, la animación japonesa animando las carreras de diseño, los trenes con paneles solares, los vehí­culos eléctricos, las pí­ldoras para abortar, los condones de sabores: naranja, fresa, uva, el menú se alarga y las drogas también con todo y sus colores, efectos y desperdicios. La demografí­a, la gripe aviar, las modelos neohippies, el indie aislado, el pop como agujero negro, las matanzas escolares en Estados Unidos,youtube es mi segundo hogar, un me-vale-madre en todos los idiomas, el aeropuerto hiperquinético de Londres, los sospechosos túneles de Francia, la UNESCO al rescate de las sobras de la civilización actual, la Fórmula Uno, el tenis y sus rubias eurasiáticas, el tsunami asiático y sus ví­ctimas incontables, el huracán Katrina y la devastación de uno de los senos afro-americanos más grandes de la humanidad. Los pellejos de las anoréxicas, sus bulimias y vómitos contra las ballenas bí­pedas que tragan grasa saturada en los centros de comida chatarra, los peinados góticos que emulan a los indí­genas Aztecas y sus chereques punzantes del perí­odo pre-Colón-vino; los dudosos Óscares, el premio Nóbel y su novedoso anti-premio Ig-Nobel, el arte callejero, los graffitis, las patinetas, la informática, los últimos arqueólogos que viven con las uñas de los dinosaurios. Las tarjetas electrónicas y sus tragamonedas (cajeros automáticos), las videoconferencias, Bill Gates y su fábrica de juguetes contra el ocio, Linux contra Bill Gates bajo la sombra de un pingí¼ino carismático, Direct TV transmitiendo la globalización, Google y sus hermanos estrechando la mano de un público virtual, la NASA y sus fosas NASAles llenas de oro blanco, ardid frenético de narcotraficantes que dictan lo que hay y no hay en el espacio. Todo un caos de información que pasa por el servicio de mensajerí­a celular en busca de la supervivencia de la especie, el hombre tras el sentido de la vida, las instalaciones y el arte postmoderno (demasiados foros y pocos post). Los antidepresivos y su abanico de colores, los sociólogos aislados en una aldea global y la cienciologí­a robándose la plata de los católicos que no tienen como tapar a Jesús desnudo por novedosos evangelios, expuesto como el hombre de vitruvio de la religión, diseminado ante el análisis cientí­fico y una masa de pseudociencias, sectas y peligrosas comunidades espirituales que intentan lucrarse del hebreo extraordinario de la orgullosa BBC. El mismo Jesús sin máscaras, ni papados, ni joyas, tal y como es (era y será) el personaje histórico más vendido y manipulado del planeta que se planta en el presente con eterna inocencia sin importarle mucho a la marcha apática de jóvenes, reunidos en un baile de saltos al azar, tras repiques digitales dentro de una sala electrónica que convalece al ritmo delAdagio para las cuerdas, placer tras placer mientrasDJ Tiesto mezcla las notas de Samuel Barber con su moderna, romántica y mí­tica sinfoní­a que fusiona el tiempo y el espacio en una composición que suena, una y otra vez, en el disco rayado del mundo electrónico del planeta Aire, mientras el viento lleva nuestras figuras sombrí­as de un lado a otro sin saber por qué, ni desde donde, ni con quien, ni para cuando, ni tras cual etcétera vivir.


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El PP y la nueva ley de Extranjería. Por Xabier Rius

El PP se ha avanzado a la postura contradictoria del Gobierno y del Ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, al registrar en el Congreso un proyecto de reforma de la ley de extranjería. La actual, modificada en 2003, debería haber sido modificada en 2006 para adaptarla a directivas comunitarias, si bien entonces el Gobierno desistió de hacerlo para evitar que el PP lo aprovechara para agitarlo electoralmente en un momento de fuerte crecimiento de la población extranjera. 



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