Viernes, 01 de Agosto de 2008 00:00
700.000. Según los datos proporcionados por el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte, esta es la cifra de alumnos procedentes de países extranjeros escolarizados en el sistema educativo español. El crecimiento en el número de escolares migrantes o procedentes de familias de nuevos residentes, un 14 por ciento respecto al último curso tan sólo entre los alumnos no universitarios, ha sido notable en la última década (llegando a multiplicarse por diez) y no es sino un reflejo claro de la nueva realidad intercultural que está viviendo el país. Así pues, las aulas españolas se han convertido en un ejemplo a pequeña escala de las dificultades que está generando en la sociedad española la llegada de nuevas culturas. Las instituciones se han dado cuenta y han comezando a gestionar el nuevo escenario con diferentes medidas.
Una de estas nuevas políticas de integración es la decisión de la Generalitat de Catalunya de habilitar espacios educativos, dedicados exclusivamente a que el alumnado migrante asimile las nuevas características del sistema español. El gobierno catalán los ha denominado Espacios de Bienvenida Educativa (EBE), aunque en la práctica son centros especiales, desligados de la red escolar, que servirán para recibir a los alumnos inmigrantes que presentan mayores dificultades de adaptación-, en especial los procedentes del África Subsahariana, los países de Europa del Este más deprimidos y el Magreb. En definitiva, los EBE no son sino centros segregados cuyo valor esencial no es precisamente la integración. Sin embargo, el Ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho ya ha aplaudido públicamente la puesta en marcha de los mismos.
La Generalitat anunció que el objetivo de estos centros es promover entre la población extranjera el conocimiento de las características culturales y sociales de Cataluña y España, aunque cabe preguntarse si aislar a los nuevos estudiantes es la mejor vía para conseguir estos objetivos. Por otra parte las políticas de integración frente al fenómeno migratorio se están llevando a cabo tan sólo en una dirección. Se busca la integración, en ocasiones forzada, del extranjero en España pero escasean las iniciativas que trabajen con el objetivo de preparar al ciudadano nativo para la nueva situación creada tras la llegada de nuevos ciudadanos. En definitiva, se busca la asimilación del nuevo antes que su integración
Y esto puede ocasionar graves problemas de convivencia. No en vano, el último estudio del Ministerio de Educación indica que casi la mitad de los estudiantes españoles (47%) no vería con buenos ojos el compartir sus actividades escolares con alumnos extranjeros.
Las escuelas están siendo un reflejo del debate político y social que está suscitando la llegada de nuevos ciudadanos, especialmente en la realidad de crisis que vive el país, y sus responsables no están sabiendo responder ante las nuevas necesidades. Dicho estudio, realizado entre 23.100 estudiantes de educación secundaria y más de 6.000 profesores en 300 centros, públicos y privados, de todas las comunidades autónomas excepto Cataluña, es concluyente es este aspecto y señala que el trabajo que se está llevando a cabo para gestionar el impacto de los flujos migratorios en el espacio educativo no está siendo el adecuado. Cuando los datos extraídos indican que mientras un 90% de profesores considera que en las escuelas se trabaja para favorecer la integración de todos sus alumnos, una amplia mayoría de estos (64%) opina justamente lo contrario, definitivamente algo no cuadra .
700.000. Esta es la cifra de alumnos procedentes de países extranjeros escolarizados en el sistema educativo español. Así pues, las aulas españolas se han convertido en un ejemplo a pequeña escala de las dificultades que está generando en la sociedad española la llegada de nuevas culturas. Las instituciones se han dado cuenta y han comezando a gestionar el nuevo escenario con diferentes medidas.
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